El mercado de fichajes de Barcelona SC ha vuelto a generar dudas entre los aficionados. Si bien la directiva ha hecho un esfuerzo por reforzar el equipo con nuevas contrataciones, las decisiones tomadas no han sido las mejores. La llegada de varios jugadores sin el nivel esperado, la falta de una idea clara de equipo y las pobres presentaciones en los partidos de pretemporada han encendido las alarmas. La gran pregunta es: ¿cómo hace el club su estudio para contratar jugadores? Porque, al parecer, la planificación y la visión deportiva no son las prioridades.
El caso de Xavier Arreaga es el primero que resalta. En su primera etapa en el club (2016-2019), nunca fue un central destacado. Si bien tenía garra y entrega, cometía errores defensivos recurrentes y su técnica dejaba mucho que desear. Sin embargo, el Barcelona de aquella época, que gozaba de buenos jugadores defensivos que lo arropaban mejor, logró venderlo a la MLS, lo que pareció un buen negocio. Ahora, en 2025, el club decide repatriarlo, pero ¿basados en qué argumento futbolístico? Arreaga viene de un largo periodo de irregularidad en el Seattle Sounders, donde perdió protagonismo. Su regreso no parece responder a una mejora del plantel, sino a una apuesta riesgosa por un jugador que ya mostró sus limitaciones en el equipo.
Otro caso llamativo es el de Gastón Campi. Su paso por San Lorenzo estuvo marcado por el rechazo de la hinchada, al punto de ser resistido durante toda la temporada. No convenció en Argentina, pero Barcelona lo trae como si fuera una solución para la defensa. ¿Se revisaron sus estadísticas? ¿Se analizaron sus últimos partidos? ¿O simplemente se lo fichó porque estaba libre y disponible?
Luego está la polémica contratación de dos arqueros extranjeros. No es un error per se, pero cuando se opta por reforzar ese puesto con foráneos, se espera que sean de un nivel incuestionable. Sin embargo, existían otras posiciones en el campo para reforzar.
Poca continuidad a los talentos
Y si los fichajes generan dudas, el manejo de los jóvenes del club genera aún más. Álex Rangel, un defensa que terminó de gran manera la temporada pasada, ha sido relegado en lugar de recibir continuidad y consolidarse en el equipo titular. En vez de apostar por su crecimiento, Barcelona sigue trayendo jugadores que no garantizan un salto de calidad. Un club con visión deportiva debería potenciar a sus talentos propios, no bloquear su progreso con decisiones cuestionables.
El caso de Joaquín Valiente también es preocupante. El uruguayo, recién llegado, ha tenido pocos minutos para mostrarse, mientras que Cristian Solano, quien no convenció la temporada pasada, sigue recibiendo oportunidades sin justificar su presencia en el equipo. Es una decisión difícil de entender: si se apuesta por un refuerzo extranjero joven, lo lógico sería darle el espacio para demostrar su capacidad en cancha. Pero en Barcelona, la lógica parece no tener cabida.
El juego colectivo no convence

Para colmo, el nivel mostrado en la cancha ha sido preocupante. Tres partidos de pretemporada han sido suficientes para evidenciar que el equipo no tiene una idea clara de juego. Perder contra Deportivo Quito, un equipo de segunda categoría, fue un papelón. Vencer con lo justo a un Emelec en crisis tampoco es un mérito. Se nota un equipo desordenado, sin solidez defensiva y con problemas en la generación de juego.
Es innegable que la directiva hizo un esfuerzo para reforzar al equipo, pero lo que realmente importa es la calidad de las contrataciones, no la cantidad. Barcelona necesita una planificación deportiva seria, un criterio más riguroso para fichar jugadores y un proyecto que asegure estabilidad en el equipo. De lo contrario, la temporada del centenario podría convertirse en otra historia de frustraciones para la hinchada.
